
La jubilación a examen
Jubilación es una palabra que nos lleva a la idea de júbilo. Es decir, de alegría por haber terminado la etapa laboral y poder disfrutar de la vida sin trabajar. Sin embargo, en estos días, se ha hablado mucho y mal de esta cuestión.
Los políticos utilizan la estrategia de decir “algo” por los medios de comunicación para ver cómo sienta a la ciudadanía. Esta maniobra es la táctica del inseguro. Tiene las mismas debilidades que contestar una pregunta con una solución interrogada. Lo hacen las personas que no han estudiado bien el tema y, tan sólo, tantean la respuesta.
Con todo ello, suspenden el examen; no por fallar (que también), sino por demostrar que no eran merecedores de presentarse. No sé como podremos sobrevivir, los ciudadanos, con personas que tienen asegurado el aprobado (como mínimo) durante cuatro años.
No han sido unas semanas de felicidad y de regocijo para los jubilados reales, ni para los que están por jubilar.
Las leyes actuales están hechas con la mentalidad de años pasados y, ahora, son necesarias (imprescindibles) ideas nuevas para tiempos nuevos. Pocas, en cualquier ámbito, aciertan a dar con las soluciones de los problemas actuales. Los derechos de autor, la privacidad, la seguridad, el empleo, el desempleo y la jubilación esperan muchos pensamientos renovados que no estén basados, tan sólo, en los ideales.
Jubilarse debe tener la misma importancia que el primer día que se ingresa en una empresa. En aquel momento, se efectúa una selección, hay ritos de entrada y dan la bienvenida. Esta emancipación del trabajo debería ser una negociación privada, entre las leyes (me repito: nuevas), la empresa y el empleado.
La verdadera libertad existe cuando un ciudadano puede ser tratado como si fuera el único del país. Tiene que haber un marco, pero entreabierto para entre el aire de la adaptación. Es cierto que la causa primera (la culpa, en términos del siglo pasado) de todo este embrollo debemos imputárnosla a casi todos. A bastantes empleados por ser exigentes en el trabajo en ser inflexibles con los otros, pero nunca consigo mismo. A muchas empresas por enmascarar despidos con jubilaciones anticipadas. Y al estado por permitir estas galimatías.
A mi parecer, son más preocupantes los que mal hablan, mal hacen y mal piensan sobre la jubilación que la posibilidad de quedarse sin ella.
Consejo: De lo único que uno no puede jubilarse es de mantenerse firme frente a los que, desde siempre, están jubilados mentalmente. Amén.
Joan Elías
Febrero 2010
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