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Ideas de comunicación para la casa, el trabajo y la ciudad

En los últimos tiempos ha resurgido el concepto de la confianza en todos los ámbitos de la vida. Muchas empresas apuestan por una comunicación basada en la confianza; los políticos apelan a la confianza de su electorado y en la vida cotidiana se apunta por tener a alguien con quien confiar: una pareja, un médico, un peluquero, un equipo de fútbol y hasta una mascota. Los seres humanos buscamos soluciones para reducir la complejidad que sobresale de un mundo enredado como el nuestro. Necesitamos reconocer en los demás las destrezas suficientes para depositar nuestra confianza en ellos con objeto de tranquilizar la ansiedad que provoca una sociedad cada vez más confusa con sus progresos.

En una sociedad lineal los pasos que se debían seguir eran previsibles. En ese simbolismo rectilíneo, la vida estaba concebida como un plan definido por fases en que la principal premisa consistía en no volver atrás, en no pisar el camino pasado. La vida establecía su simplicación en la confianza ciega en que debería suceder lo que debía suceder en cada momento. En esos tiempos pasados había dos grandes aliados de la confianza: la familiaridad y el status. Así, era primordial para la tranquilidad de cada uno, reconocer en el otro unos lazos familiares o una solvente posición en la sociedad para reducir la complejidad del mundo. Era un momento en el que ser médico, maestro o ingeniero era suficiente para confiar.

Pero hoy la presivisibilidad ha muerto. Ahora estamos en un mundo circular donde cada humano actúa de forma distinta. No puede esperarse lo mismo de un maestro, de un médico o de un ingeniero porque su entorno ha cambiado y es imposible separase de él. Lo mismo puede decirse de la política y los políticos. Las sociedades complejas son cada vez más difíciles de dirigir y es necesario cambiar la forma de reducir su complejidad. Los políticos son los delegados del ciudadano para responder al requisito de tomar decisiones que tengan en cuenta la mejor alternativa para reducir la incertidumbre.

La nueva época que estamos viviendo pide una reflexión más intensa a todos los niveles. Ni la casa, ni el trabajo, ni la ciudad –los tres ámbitos de la vida- pueden sobrevivir cuando no hay confianza. La época de la confianza ciega ha sucumbido. La confianza debe pronosticar el daño de la ruptura de la confianza y cuando no lo hace es tan solo esperanza. El que tiene esperanza tiene confianza a pesar de la incertidumbre. Por eso se puede afirmar que, en la sociedad que nos ha precedido, tan sólo había la esperanza en que los demás tomarían las decisiones correctas en favor de nuestra supervivencia. Quizás por ello, en la sanidad, hemos sido definidos como pacientes: para esperar (de esperanza) que sucediera lo que tenía que suceder era necesaria mucha paciencia.

Hoy, la confianza se gana. No vale la familiaridad ni el status, ni tal sólo los hechos pasados son dignos de confianza. Ni los cargos de confianza lo son de verdad porque están basados en la valoración subjetiva de la conducta del otro y no fundamentadas en las competencias verdaderas.

Para ganar la confianza en el siglo XXI hay que ser capaz de gestionar muchas variables. Entre ellas la verdad; de dar ejemplo, de ser coherente; de tener la habilidad de procesar información, de comunicar y ayudar a pensar al otro. Nadie que se presente como inalcanzable, ofenda y mienta puede ganarse la confianza de los demás. Para adquirir confianza se debe tomar parte de la vida y estar en posesión de crear expectativas que después se puedan cumplir.

Y ahí estamos todos, con la esperanza de que políticos, médicos, maestros, ingenieros, peluqueros, equipos de fútbol y mascotas se ganen nuestra confianza, podamos considerarlos de la familia y tengan un renovado status en la sociedad.

Esperaremos pacientemente que lo hagan. Mientras tanto permítanos desconfiar.

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Joan Elias

1 comentario a “Ideas de comunicación para la casa, el trabajo y la ciudad”

  1. arfang dice:

    esberdad que solo contamos con la esperazna¿ la esperanza poede ser. pero la confianza no) (tengo 31 años y todavia sigo disiendo que) (los politicos si quen prometiendo cadadia mas y ,mas y mas¡

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