Empieza la destrucción de empleo

La situación del mercado laboral español no cesa de empeorar. En el tercer trimestre, por primera vez en catorce años, se ha destruido empleo, según constata la Encuesta de Población Activa (EPA). El sector turístico, que es un intenso creador de puestos de trabajo en la temporada alta, no ha podido absorber el fuerte deterioro de la construcción y, en menor medida, el de la industria. El resultado ha sido una destrucción neta de 78.800 puestos de trabajo entre julio y septiembre, una cifra que ha caído como un mazazo en la sociedad española. En esos tres meses se ha destruido prácticamente la mitad de toda la ocupación perdida en los últimos doce meses, que ha sido de 164.300 empleos, lo que refleja una grave aceleración del deterioro de la economía.

La citada destrucción de empleos, sumada a la fuerte entrada de personas en el mercado laboral en busca de trabajo, nada menos que 642.600 en un año - la tercera parte este verano-, ha elevado el desempleo en 806.900 parados, hasta prácticamente los 2,6 millones, el 11,33 por ciento de la población activa.

Catalunya también ha acusado de modo contundente el deterioro de la economía, ya que en los últimos tres meses el paro ha aumentado en 50.700 personas, hasta situar la tasa en el 8,95 por ciento.

Lo más grave, pese a todo, es que las perspectivas del empleo irán a peor, ya que es justamente ahora cuando la economía puede entrar de lleno en recesión, al igual que en el resto de los grandes países europeos, tanto por la falta de crédito como por el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Las recientes medidas arbitradas para solucionar la crisis financiera tardarán todavía algún tiempo en producir efectos en la economía real.

El motor de la economía que ha sido el sector de la construcción se está parando progresivamente a medida que se finalizan las obras en marcha y apenas se empiezan viviendas nuevas, ya que hay un stock de 800.000 pisos sin vender. La licitación de nueva obra pública lleva un ritmo de ejecución inferior al presupuestado, lo que tampoco contribuye a compensar el frenazo de la construcción residencial, y los planes del Gobierno para impulsar la rehabilitación de viviendas todavía no se han puesto en marcha. Todo ello explica que, en los últimos doce meses, la construcción haya destruido ya 354.200 empleos.

La industria, incapaz de tomar el relevo de la construcción ante la clara atonía del consumo provocada por la falta de confianza, acumula una pérdida anual de 31.200 trabajadores, en una perspectiva de ajustes de empleo generalizados para adaptar las plantillas a la evolución negativa de la demanda. La agricultura, por su parte, ha perdido 36.300 empleos.

En esta situación los servicios, que es el único sector que crea empleo, con 257.600 nuevos puestos de trabajo en los últimos doce meses, se revela a todas luces insuficiente para absorber la destrucción de puestos de trabajo y el gran alud de nuevas incorporaciones que se ha registrado en el mercado laboral.

Ante el acelerado deterioro que registra la economía, a la vista de los datos de la EPA, no basta la política del Gobierno de limitarse a garantizar la protección social. Se hace más urgente y apremiante que nunca la necesidad de arbitrar un verdadero plan de choque para impulsar la economía productiva y fomentar el mantenimiento y la creación de empleo, tal como solicitan las patronales, las cámaras de comercio y los sindicatos.

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Fuente: La Vanguardia

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