“El síndrome postvacacional puede llegar a durar dos semanas”

Noemí Fernández, granadina de 34 años, es psicológa del Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP), centro que calcula que el 35% de los españoles sufre el síndrome postvacacional al volver al trabajo y que en algunos cases este año puede verse agudizado por la crisis económic.
-¿Cuando se detecta por primera vez el síndrome postvacacional?
-Se conoce desde hace muchísimos años. De hecho, el fenómeno siempre ha existido, a menor escala, los domingos por la tarde, cuando se piensa en volver a trabajar el lunes y parece que entran mil males. El síndrome postvacacional es esto mismo pero a mayor escala, porque se ha tenido un mes entero de vacaciones. La denominación como síndrome hará diez o quince años que se utiliza.
-¿Es un síndrome clínicamente aceptado o es una expresión popular?
-Dentro del manual diagnóstico no figura, porque es un síndrome y no un trastorno y tiene un periodo de duración pequeño, por lo que normalmente no está incluido como tal en los manuales. Sí que está reconocido por todo el mundo de la psicología y de la psiquiatría como un conjunto de síntomas que aparecen a raíz de una situación determinada.
-¿Cuáles son son esos síntomas?
-Básicamente síntomas parecidos a la ansiedad y a la depresión: tristeza, mucho cansancio, apatía e incluso síntomas también somáticos, de dolor de cabeza, dolores de estómago o irritabilidad.
-¿Puede ser que desemboque en cuadros más graves?
-Todo depende de la predisposición biológica, de la vulnerabilidad de la persona. En algunos sujetos puede ser detonante de un trastorno que esté subyacente, pero no se puede decir que el síndrome postvacacional haga que una persona empeore. El trastorno existiría de antemano y el síndrome lo pondría de manifiesto.
-¿El síndrome postvacacional en sí mismo es grave?
-Es más grave que lo del domingo, eso sí [ríe]. El síndrome postvacacional puede llegar a durar unas dos semanas o algo así, aunque lo normal es que dure dos o tres días, no más.
-¿Si se alarga puede ser necesario un tratamiento?
-Si dura más sí sería recomendable, porque se puede tratar de un detonante de un trastorno subyacente como un trastorno de ansiedad, un trastorno depresivo o un trastorno adaptativo. Entonces sí que habría que evaluar a esa persona y ver porque el síndrome no desaparece, porque esos síntomas se siguen extendiendo en el tiempo y buscar algún tipo de estrategia. Pero el síndrome como tal no precisa de tratamiento.
-El ISEP calcula que lo sufre un 35% de la población ¿Es normal que afecte a tanta gente?
-La palabra normal es una palabra que hay que matizar. El síndrome es frecuente, sí, porque hoy día el trabajo es algo que escasea bastante y la mayoría de la gente está realizando trabajos para poder subsistir. Ahí radica el problema. Si uno está a gusto en su trabajo seguramente no tendrá un síndrome postvacacional, porque le encantará volver a su trabajo. En cambio, si uno ya estaba a disgusto en su trabajo y ha sido una liberación el irse de vacaciones, el poder desaparecer de esa situación aversiva… ¡Imagínate lo que es la vuelta! Después de estar de maravilla, otra vez a estar en el puesto de trabajo con unos compañeros que no se aguantan, con un jefe que agobia, con estrés… A partir de ahí es cuando se empieza a desencadenar el síndrome.
-Nos cuesta adaptarnos de un sitio donde estamos bien a un sitio donde estamos mal ¿pues?
-Es un cambio de todo, de horarios, de situación, en muchos casos incluso un cambio de ciudad. Uno va de vacaciones a lugares agradables para descansar. Entonces, pasar de ahí al trabajo y hacerlo como lo hace la mayoría de la gente, llegando el domingo a las 8 de la tarde y poniéndose a trabajar al día siguiente, es una ruptura tremenda.
-¿Cuáles son los consejos para evitar el síndrome?
-Hacer periodos de vacaciones cortos, que no sean muy largos, porque de esta manera nos tomamos un respiro para descansar, pero no es como si nos hubiéramos adaptado a la nueva situación para luego volver a readaptarnos a la anterior. También se recomienda volver tres o cuatro días antes de la incorporación al trabajo y empezar a establecer otra vez horarios similares a los que se tienen cuando se está trabajando.
-Normalmente lo que se intenta es apurar al máximo las vacaciones.
-Claro, pero quien tiene vacaciones de un mes y apura hasta el último segundo suele ser la gente que más puede sufrir el síndrome postvacacional.
-¿Qué pueden hacer quienes no han tomado estas medidas preventivas y la vuelta al trabajo les ha dejado hechos polvo?
-Una vez en este punto, no queda mucho más remedio que aguantar. Tampoco es grave porque normalmente dura un par o tres de días. Una forma de llevarlo mejor es hacer una lista con aspectos positivos del trabajo, porque el problema es que al volver de las vacaciones tendemos a comparar lo más positivo de las vacaciones con lo más negativo del trabajo. ¡Y la vida laboral también tiene sus cosas positivas! Otra forma de pasar mejor estos días es planificando actividades agradables después del trabajo, para que no pensemos sólo en la vuelta al trabajo.
Fuente: Lavanguardia.es
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