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Comunicación interna en tiempos de todo

Aristóteles dijo que sin conflicto no hay comunicación. Con esta sentencia no le hacia falta decir nada más.

En todas las casas, los trabajos y las ciudades cuecen habas. Es decir, hay conflictos siempre y en todos los sitios. Ahora es el momento que deberíamos aprender que invocar a Santa Bárbara cuando truena es la estrategia de los miedosos.

Es obvio que las empresas aumentan su comunicación interna en tiempos de crisis: les es inevitable dar malas noticias. Puede que sus malditas informaciones vengan también por no haber sido capaces de generar un espacio de comunicación en momentos de bonanza.

Aprovechemos la ocasión y recordemos que beneficios y perjuicios conlleva hacer una buena o mala política de comunicación interna tanto en tiempos de crisis como de calma.

La comunicación interna existe siempre. O la gestiona la empresa o la gestiona la imperiosa necesidad de tenerla. Por lo tanto lo que no diga el emisor, se lo inventa el receptor.

La comunicación interna no es un departamento. Es una estrategia para que las personas dirijan sus esfuerzos al lugar adecuado en el momento adecuado. Los propietarios de la comunicación son los receptores (los empleados) y la obligación de la empresa es ordenarla en beneficio de todos.

Los mandos intermedios son interruptores de comunicación. La comunicación interna es como la electricidad. Los cables son el organigrama natural y los mandos intermedios son las clavijas on/off que dejan pasar o no la comunicación. El éxito o el fracaso de la comunicación está en la capacidad de los mandos intermedios para ejecutarla bien.

La comunicación en directo es la única válida. Las empresas deben comunicar cada día y en directo. Dar la noticia adecuada en el momento adecuado es de imperiosa necesidad en los tiempos y con la tecnología que lo hace correr todo a grandes velocidades.

La comunicación interna no es un comunicado. Las empresas empiezan a saber que Internet es un gran medio de comunicación interna. Pero todavía ignoran que comunicar es poner en común y que para hacerlo cualquier medio es imprescindible. De la misma forma que una crisis tiene sus rituales de salida, en la épocas de calma, las empresas deberán esforzarse en visualizarla a favor de sus empleados de la misma forma que, en una crisis, se ritualiza en su contra.

La comunicación interna es participación. Va siendo hora que las empresas empiecen a involucrar a sus empleados en lugar de pedirles integración. Es el momento de reforzar el talento y el compromiso en lugar de exigirles sacrificios sin dirección. Para salir de esta crisis hay que resurgir juntos y es el momento de solicitar a los empleados que den su opinión y sus ideas para superarla.

Empleados y empresarios son lo mismo. Los empleados son empresarios de si mismos y los empresarios son empleados de su empresa. Es el momento de sustituir los ideales por ideas, los clichés por pensamientos y el status por el estar. Estar juntos para salir de este conflicto con calma, comunicación y sobre todo, un poco de alegría. La crisis cansa pero hablar de ella agota.

Fuente: Joan Elías

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